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Alto Rendimiento para Empresas B. Oportunidad en la reforma laboral

Tomás Rigo

En la comunidad de Sistema B, el propósito es nuestra brújula. Sin embargo, existe una frontera que rara vez cruzamos en los directorios: la visibilidad real de los resultados ante quienes los construyen y la participación activa del equipo en la rentabilidad. 

Podemos encontrar un paralelismo en el proceso de la selección argentina bajo la conducción de Lionel Scaloni. El éxito no radicó únicamente en el talento, sino en el diseño de una arquitectura de equipo basada en confianza y el sentido de pertenencia. El cuerpo técnico logró convencer a cada jugador que para alcanzar un campeonato mundial, era necesario que rindan al máximo de sus posibilidades. No más dependencia exclusiva de Messi, esa receta había fallado en el pasado.

Cuando el equipo comprendió que su plenitud individual energizaba el éxito colectivo, y viceversa, la selección se volvió imbatible. En la empresa ocurre lo mismo: si el colaborador es un mero ejecutor y no un actor relevante del resultado final, el rendimiento se estanca. La retención de equipos de alto nivel no se logra sólo con salarios, sino integrando a cada colaborador en la visión real del negocio.

Para que una empresa transite este camino, no basta con la voluntad del directorio; se requiere una arquitectura legal que lo sustente. Es este tipo de desafíos lo que nos motivó a convertirnos en un estudio jurídico con sello B; con una mirada distinta e intentando generar impacto a través de decisiones y estructuras legales

El desafío es aprovechar la Ley de Modernización Laboral para obtener herramientas de gestión que protejan tanto la rentabilidad como el propósito. 

La reforma laboral de 2026 ofrece hoy las herramientas para formalizar esta «sociedad» de objetivos. Un punto neurálgico para este debate es la figura de la Participación en Utilidades y Bonos por Resultados. Bajo este marco, se puede lograr que el 100% del reconocimiento llegue al equipo, optimizando la rentabilidad.

El desafío para todas las empresas que formamos parte del movimiento B, y aquellas que buscan alinear propósito y resultados , es invitar a la totalidad del equipo a entender y abrir el juego. Una empresa cerrada gestiona bajo la sospecha; una abierta, bajo la predictibilidad. La modernización laboral nos da la letra; el desafío es ver quién se atreve a liderar el cambio.